Cuando uno va
creciendo, va sintiendo que hay cosas que ya están gravadas a fuego muy dentro
de uno.
Siempre odié la
ciudad donde nací, quizá porque soy amiga de la naturaleza y de la simpleza,
pero a medida que crecí seguí viviendo en esta jungla de cemento, y como animal
enjaulado, queriéndome escapar.
Hoy mientras iba
transitando las mismas calles que desde aquel entonces, porque sigo viviendo en
el mismo lugar, diferente casa, como si cada centímetro de cada vereda que iba
pisando, me estuviera cantando la canción del recuerdo, cada casa que pasaba,
me contaba una historia desde aquellos años de la infancia, casas que se
mantienen igual, otras cambiaron, árboles que ya están crecidos pero los mismos
desde aquel entonces. La iglesia, la misma que iban mis abuelos, la misma que
tomé mi comunión y tiempo después mi hija, Cada paso una historia del pasado en
mi mente, entonces fue cuando sentí como tigre ya acostumbrado a los límites
impuestos por el zoológico, que me sería difícil, cerrar estas puertas, estas
vivencias y empezar en otro lugar, del cual en el interior de mis venas me
brota el olor a la libertad y a vivir una plenitud más abierta, a respirar aire de pueblo y no de ciudad.
El corazón nos deja
marcas, perfumes, recuerdos de los cuales es muy difícil cerrarle la puerta y
dejar todo lo del pasado, porque si bien no se puede vivir del pasado, el
pasado es uno, es la esencia de uno, una persona sin pasado, es una persona sin
historia, y hoy me doy cuenta, porque el futuro es incierto y no se puede
sentir lo que no se tiene o no se conoce, pero el pasado grita dentro de uno,
como las vivencias, los buenos recuerdos, el latir en las venas de lo que amas,
como cuando tomo mi guitarra, y siento que estoy viva, que me renace todo lo mejor
de mi, me renace mi adolescencia, mi sueño, y me inunda de una fuerza tremenda,
es lo que me mantiene viva, la energía que me sacude y me hace afrontar lo
bueno y lo malo.
Hay marcas dentro de
cada uno de nosotros dentro de nuestro corazón que nos arraiga a un pasado, y
nos demuestra y nos hace ver que somos, porque el pasado no es eso, ni más ni
menos que la verdadera historia de cada uno, que tenemos que asumirla, y
llevarla para querernos, aceptarlo y
valorar nuestra autoestima, y cuando la descubrimos, nos facilita el camino que
tenemos aun por trascender, y entonces nuestras decisiones será más fáciles y
habremos aprendido a conocernos a nosotros mismos.