No hace mucho tiempo
atrás, solía en las noches de verano sentarme en el patio a mirar las
estrellas, quedándome largo rato observando el firmamento.
Cierto día empecé a
notar que parte del cielo ya estaba cubierto por un edificio gigante, y no
mucho tiempo más tarde otro similar, quedando rodeada de cemento, y solo un
cuarto de espacio para ver las pocas estrellas que se podían ver.
Luego con la
inseguridad, las casas, las pocas que ya están quedando en mi barrio, empezaron
a estar enrejadas, yo misma enrejé y así mucha gente, los comerciantes venden a
travès de sus rejas cuán presos en sus celdas.
Ya no solo es el
centro, sino los barrios que hasta unos años atrás eran tranquilos, y se
semejaban a pequeñas ciudades del interior, ya son similares a los céntricos,
donde la gente se comunica por medio de los porteros eléctricos y donde las
plazas parecen ser colegios enrejados.
Cuando camino por
aquel barrio tranquilo de mi infancia, veo gente que con miedo apenas se asoma
a través de los barrotes de sus ventanas, y donde los rascacielos invaden la belleza del cielo, y pareciera que
estuviera caminando por un zoológico gigante donde los habitantes somos
exactamente igual a los animales sometidos dentro de grandes jaulas ,a
diferencia de éstas, sofisticadas, con
comodidades, pero encerrados, donde nos han robado no solo la libertad de vivir
libres, sino asustados como animal salvaje a la expectativa de ser cazado,
desconfiando del que se acerca, y cada vez mas encerrados en nosotros mismos.
La tecnología avanza,
pero el ser humano retrocede, perdimos la libertad de salir, de convivir
libres, dejamos que las casas sean reemplazadas por edificios que nos engañan
con una modernidad barata, en vez de
defender el terreno, arreglarlo, y dejar que por nuestras ventanas entre el
sol, la luz y no sea quitada por esas grandes moles de cemento, donde los niños
ya desde chiquitos viven hacinados entre paredes y espacios reducidos y ni
pueden expandir sus juegos porque los acusan de ruidos molestos, donde el aire
o la brisa fresca de verano, no tiene lugar por la acumulación de calor, y el
humo de los escapes de los autos y el encierro de los edificios. Se vendió la
comodidad, por la modernidad de tener menos espacio y menos que limpiar, por el
miedo a dejar las casas cuando uno va a trabajar, y preferimos encerrarnos en
departamentos y así darles de comer a las grandes inmobiliarias que hoy compran
un terreno por poca plata, e invierten y
ganan para hacer en el mismo lugar que ocupaba una casa, 50 o mas
departamentos.
Hemos dejado ganar
terreno a ser un ser humano de zoológico en lugar de defender nuestros
terrenos, nuestra libertad, nuestra salud, el contemplar un anochecer o un
atardecer por luces bonitas pero artificiales
y cada vez encerrarnos más entre rejas porque no somos capaces de pedir
que nos defiendan de los cazadores que
cada vez hacen que perdamos espacio y ellos los ganen haciéndonos encerrar cada
vez más.
Que triste amigos,
haber convertido a la ciudad en un zoológico humano y haber perdido nuestra
capacidad social de salir a dialogar con nuestros vecinos y a ver a nuestras
plazas libres, porque lamentablemente por la inseguridad, hasta los árboles y
la flora de nuestra ciudad también están
enjaulados, presa de cárceles vip, pero quizá seré yo que me resisto a privarme de mi libertad natural,
y habrá que acostumbrarse a pagar lo que el hombre una vez hizo y hace también
cuando ursurpa los bosques y les quita terreno a las especies. Que más puedo agregar
amigos, bienvenidos a Buenos Aires, la
ciudad zoológico!!!.
SILVIA STIVY BELIZE
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